"Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre, y dentro del perro probablemente está demasiado oscuro para leer." (G.Marx)

sábado, 2 de enero de 2010

LAS HISTORIAS DEL ABUELO

A mi abuelo le encantaba narrar historias. Sus “cuentos”, todos reales, todos geniales y vividos en primera persona me han acompañado desde que tengo memoria. Los tenía para todos los gustos y situaciones, elegidos dependiendo del humor y disposición de su público. La mayoría de ellos los protagonizan los padres, abuelos y parientes de gente que conozco al menos de vista, gente que muchas veces ignora que su tío o su abuelo tenía una estrecha amistad con el mío, y que hace 40 años vivieron juntos una pequeña aventura digna de ser contada. Es posible que muchos de ellos no conozcan estas historias, y puede que no les importe, ahora yo mismo me arrepiento de no haberles prestado más atención, de no haber preguntado más, de pensar que siempre habría otro momento más apropiado para las densas batalletas del abuelo. Desgraciadamente esos momentos desapropiados han tocado a su fin, dejando cierta sensación de irritante culpa en los que por indolencia dejamos caer en el olvido un buen puñado de grandes historias. Por eso creo que debería contar alguna de las que recuerdo, porqué lo merecen, porqué si no nadie lo hará, y porqué creo que me sentiré mejor.

Empezaremos, indudablemente, por alguna del abuelo Paco, al que nunca conocí, el abuelo de mi padre y mis tíos, el que hasta su muerte guardó bajo el colchón miles de pesetas de la República por si acaso, el que un día apareció en el hospital con la nariz en la mano y la escueta petición de que se la cosieran, el que daba las peores propinas de todo el pueblo, el que tenía las manos más grandes que la cara, el que trataba de curarlo todo con crema Nivea (nunca ha estado claro si lo intentó con la nariz), el que llevó a sus nietos al cine y se empecinó en que había que irse cuando acabó el nodo, un hombre de ideas claras, con firmes convicciones que le llevaron a cambiar de bando en la guerra civil en varias ocasiones, obedeciendo a la calidad del rancho. El abuelo Paco al que un día mi tío Rafa, el más joven de sus nietos, fue a pedirle que le comprara una motocicleta.

No era desde luego una petición descabellada, mi tío estudiaba en el seminario y a la salida tenía que correr hasta el campo de fútbol, en la otra punta de la ciudad, para llegar a tiempo a entrenar, y una moto le solucionaría mucho la vida. El abuelo Paco tenía muchas virtudes pero como ya se ha insinuado el reparto libre de capital no era una de ellas, “era preto de cojones”, como dicen en mi casa. De todas formas el abuelo ya era mayor, y finalmente y tras muchos y largos intentos las suplicas de su nieto debieron calar en el anciano, que se compadeció de mi tío y le prometió la ansiada motocicleta. Lo más difícil estaba hecho, en teoría. En la práctica el abuelo Paco se encaminó decidido a la tienda, pensando en la razón que tenía su nieto al pedir un medio de transporte, pero también pensando que tal vez una motocicleta no fuera la adquisición ideal para la familia ni para el ninín, seguro que se podía conseguir algo mas provechoso que una mísera motocicleta. Y así fue como el abuelo Paco regresó a casa esa tarde con un flamante motocultor nuevo para su nieto, motocultor con el que mi tío podría atravesar el pueblo hasta el campo y que además sería muy útil en la huerta.

Así era el abuelo Paco. Hay que decir que las quejas y risas unánimes de toda la familia y la humillación a la que se veía sometido mi tío obligaron a mi bisabuelo a devolver finalmente el motocultor, que después volvió a casa apenado y roñando porqué en la tienda le habían estafado, que él pago con dinero contante y sonante y el vendedor le había timado dándole un cheque. Finalmente mi tío conseguiría una moto, y aún tiene una que usa a diario, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

Así eran las historias de mi abuelo. A mi me encantan, y prometo contar alguna de vez en cuando.

lunes, 21 de diciembre de 2009

MONSTRUOS BAJO LA CAMA

Los que tardamos en dormirnos tenemos un problema, porqué la hora de dormir, ese rato desde que caes rendido en la cama hasta que te vence el sueño, es una mala hora. Cómodos y relajados nos sentimos confiados, bajamos las defensas y nos olvidamos de todo, a salvo, sin recordar que bajo la cama es fácil encontrar monstruos. Y entonces pensamos. Por decir algo, porqué más bien nos asaltan los pensamientos. Todo eso que no nos atrevemos a pensar de día, las cosas que realmente queremos, nuestros mayores deseos y preocupaciones entran en tropel y con trompetas preparados para la guerra, sin atender a razones y dispuestos a quedarse. Y uno ya no se puede dormir, claro, porque es el momento más verdadero del día, el más tuyo, y a veces el peor. Puedes descubrir que no has cambiado tanto como creías, que en el fondo eres el mismo idiota de hace algún tiempo. Puedes encontrarte con tus viejos fantasmas, esos que años atrás decidiste sepultar para siempre, y los encuentras borrachos y con buena salud bailando y riéndose de ti. Y te enfadas, claro. Te enfadas porqué eso es cosa del pasado, porqué ya no toca y porqué ya has ganado esa batalla. A veces uno tiene suerte, es rápido y consigue dormirse pronto y huir de los monstruos, al día siguiente todo será normal, irá a sus clases y pensará en todas esas cosas que debe y que quiere hacer, sin fantasmas. Pero al llegar la noche y apagar la luz tendrá algo de miedo, porqué no importa cuantas veces te hayas dicho que los monstruos no existen, tú sabes que están ahí abajo, esperando, y que saldrán cuando quieran. Y una noche que estés demasiado cansado para pensar, te levantarás y buscarás en la tinta una última purga, escribirás todo del tirón y abrirás un blog*.

Buenas noches.

(*o puede que descubras que ya hay un jodido blog llamado monstruosbajolacama, te comas la cabeza, no encuentres ningún nombre apropiado y decidas abrir el blog otro día, dos semanas después, cuando decides darle el nombre de monstruos en el armario aunque tú evidentemente no crees que haya nada en el armario, porqué todos sabemos que los monstruos viven y siempre han vivido debajo de la cama)