"Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre, y dentro del perro probablemente está demasiado oscuro para leer." (G.Marx)

lunes, 28 de febrero de 2011

EL RINOCERONTE DE JAVA

Acabo de ver en internet las últimas imágenes captadas del rinoceronte de Java, el mamífero más amenazado del mundo según el diario el “el País”, del cual quedan unos 40 ejemplares en el mundo. Resulta que a lo largo de su corta historia el género humano ha llevado a la extinción a miles de especies animales, ha deforestado Europa entera (las especies vegetales, mucho menos cariñosas como mascotas, pasan más desapercibidas) y gran parte de otros continentes. La desertización es un hecho constatado hace décadas, como el cambio climático, el agotamiento de recursos naturales, la superpoblación y el acumulo incesante de residuos y mierda de diversos tipos (afortunadamente los científicos ya barajan hipótesis para poder mandarla al espacio). Todo esto se ha visto incrementado notablemente en los últimos dos siglos de boyante avance científico, asunto este que, según solemos decir, fundamenta nuestra civilización, enorgullece nuestra identidad y nos hace disfrutar de la vida en “el mejor y más seguro momento de la historia humana”. Sin embargo si miramos las cosas desde el fango el presente, ya no el futuro, parece todo mucho más desalentador. El lugar de Dios lo ocupa ahora la ciencia, depositaria de todas nuestras esperanzas y fe en el progreso pero, al igual que lo estuvo Dios, esta Ciencia parece mucho más preparada para devastar el mundo que para salvarlo.

lunes, 14 de febrero de 2011

MARCA


Leyendo ese “periódico” me asaltó el otro día una duda terrible. Es una cuestión muy importante, decisiva incluso, de la cual si fuera yo un tipo tremendista podría decir que depende la esperanza o no en el género humano. Tal cuestión versa sobre las personas que enconadamente se empeñan en escribir y publicar este diario, sobre su verdadera y oculta naturaleza, los motivos que les llevan a su frenética actividad y, en definitiva, la percepción que tienen de sí mismos y de su trabajo.

Por un lado, pudiera ser que nos encontráramos ante auténticos genios de humor actual. Un grupo de gentes que, abrumados por el circo mediático, han decidido unirse a él de la manera más escandalosa posible. En este caso, deberíamos considerarlos más guionistas experimentados, rebosantes de vis comica y dotados de un perfecto y negrísimo sentido del humor, que periodistas propiamente dichos. Serían algo muy parecido a los escritores de los Simpson o los hermanos Coen (sólo que en versión española, irremediablemente futbolizados), y es fácil imaginarlos con unas cervezas, bromeando en algo que parece más una reunión de amigos que un debate periodístico, muertos a carcajadas mientras compiten por unir de la manera más absurda posible el palabro “Mou” con una interminable lista de clichés deportivos. El ganador se llevará el titular del día.

La otra opción es más desalentadora. Se puede querer ver a esta gente como tipos serios, preocupados, profesionales que tratan de realizar su trabajo de la mejor manera posible. Personas educadas y cultas que han decidido entregar sus vidas a la transmisión de la actividad futbolísitca (columna vertebral de la historia española reciente), por cuyos vaivenes sufren y hacen sufrir. Podemos imaginarlos entonces recibiendo los informes a primera hora de mañana con rostro preocupado y concentrado, bien vestidos, conscientes de la importancia que detentan en la sociedad mediática española, para al final del día acostarse en cama con la sensación de tener el trabajo bien hecho.

Desde ese día he elucubrado en ocasiones sobre el tema, sin llegar a una respuesta clara. La segunda opción me parece hoy más probable y, sin embargo, me niego por pura lógica asumir la fatalidad de esa conclusión. Me parece sencillamente inconcebible.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

NUEVO Y FEROZ MONSTRUO ENSEÑA LOS DIENTES

Escribiendo me he dado cuenta de que ya no se escribir como antes. Pensando qué ha podido pasarme me he dado cuenta de que ya no se pensar como antes (lógico teniendo en cuenta lo anterior). Al final, leyendo otro blog, me he dado cuenta de que llevo más tiempo sin leer un libro que sin echar un polvo.

Ninguna de las tres cosas me habían pasado antes.

lunes, 14 de junio de 2010

MI TRISTE ESPAÑA (I) Corrección.

EXÁMEN HISTORIA CONTEMPORÁNEA. TIPO TEST.

ÚNICA PREGUNTA:

Dada la siguiente coyuntura:

"Momento en España llegado tras un régimen de carácter extremista (pero aún con adeptos) que ha cometido barbaridades represivas contra la población civil. Llega un nuevo modelo de estado, con una nueva constitución, que pretende hacer parte de si mismo a la antigua oposición. Se restaura la monarquía borbónica, encarnada en un monarca nuevo eso sí, que debe dotar de estabilidad al nuevo sistema. Para ello también se consigue la domesticación de la izquierda, que cede parte de sus principios básicos para acceder al poder. Se desarrolla un bipartidismo con dos grupos parlamentarios que se acaban turnando de manera más o menos alternativa, pero cuyos programas no son esencialmente tan opuestos como pretenden. Los resultados del resto de partidos son meramente anecdóticos, y su reiteración en el poder produce en muchos casos descontento y sensación de desengaño con las esferas políticas."

y sin conocer más datos feche usted el inicio de este acontecimiento (fechas aprox)

A) 1875 (después de Cristo)
B) 1975 (después de Cristo también)


Prof. J. Pérez Fuertes

lunes, 26 de abril de 2010

CUANDO LA HISTORIA SUPERA A LA FICCIÓN: LA ANÁBASIS DE JENOFONTE

Los incrédulos dudan, y es que estas cosas pasan poco pero pasan. Jenofonte nació de padres terratenientes en el demos de Atenas en el 431 a.C., el mismo año que comenzó la guerra del Peloponeso. Fue discípulo de Sócrates y cuando llegó a la edad militar pasó a integrar las filas de la caballería aristócrata ateniense.

Cuando Atenas perdió definitivamente la guerra Jenofonte fue uno de esos muchos griegos que comenzaron a alquilar sus espadas a buen precio. Tras 30 años ininterrumpidos de conflicto los soldados helenos habían alcanzado fama en el extranjero, y ya que muchos de ellos no eran capaces de desempeñar otra función su demanda creció como la espuma. Fue por eso que Ciro el Joven, hermano menor del rey de reyes Artajerjes II, acudió a la hélade en busca de un ejército con el que liquidar a su hermano y hacerse con el trono del inagotable Imperio Persa. Reclutó a unos 10.000 griegos, la mayoría espartanos (de entre la gente que no sabía qué hacer en vez de guerrear, los espartanos se llevaban la palma), de un total de 50.000 soldados según algunas fuentes. En Cunaxa, unos 70 km al norte de Babilonia, se libró la batalla definitiva. Las tropas de Artajerjes, señor de las cuatro esquinas del mundo, aniquilaron al ejército de su hermano, muriendo el mismo Ciro en la batalla. Sólo el flanco derecho, compuesto por la élite espartana dirigida por el legendario Clearco, consiguió sobrevivir prácticamente intacto a la sangría.

Esa noche llegaron emisarios persas al campamento griego; Artajerjes II ofrecía a los supervivientes su magnanimidad, pues como extranjeros y mercenarios ya nada les ataba a la fraticida empresa de su hermano. Para acordar una tregua en condiciones se citó a todo el alto y bajo mando de los griegos en el campamento persa a la mañana siguiente. Todos acudieron, todos excepto un tal Jenofonte, un oficial de bajo rango que estaba enfermo, y por supuesto todos ellos fueron asesinados. Cuando la noticia de la traición llegó al campamento griego cundió el pánico, la muerte de Clearco, así como la del resto de oficiales, dejaba a los griegos a total merced de Artajerjes. Cuando Jenofonte despertó se había convertido en el oficial de más alto rango del ejército, rápidamente se hizo cargo de la situación, reunió a los hombres y pronunció un discurso en el que afirmaba que, costara lo que costara, él llevaría a aquellos hombres de vuelta a casa. En plena noche, aprovechando la sorpresa del enemigo que les acechaba y antes de que los persas pudieran intentar nada, Jenofonte levantó el campamento y puso rumbo al oeste desde el mismo corazón del Imperio Persa.

Entre los griegos y las aguas del Egeo se interponían más de 4.000 kilómetros poblados de tribus bárbaras, montañas que apresaron al mismo Prometeo, cientos de ciudades enemigas que no ofrecerían ni cobijo ni alimento y desiertos que aún hoy no han conseguido conquistar los soldados estadounidenses. Además de un innumerable ejército persa pisándoles los talones. El éxito griego estaba mucho más allá de línea de lo factible, y nadie necesitaba un oráculo para vaticinar su inminente derrota. Pero para bien o para mal la historia, o la vida si se prefiere, tiene a veces pequeños detalles, y el resultado final puede ser impredecible. Cientos de soldados griegos murieron, bien sorprendidos por los ataques persas, bien sepultados bajo el hielo o engullidos por la danza de las dunas del desierto, pero el ejército, con Jenofonte a la cabeza, seguía avanzando.

La causa en parte debe buscarse en unos soldados bastante peculiares que poblaban el ejército heleno. Se trataba de jóvenes pastores reclutados en Rodas que habían convertido su honda de caza en un arma letal. Los lacedemonios los llamaron con sorna “los apicultores de Jenofonte” debido al silbido que emitían sus balines cuando salían disparados de la honda. Los espartanos solían burlarse de ellos por su aspecto aniñado y femenino y por la deshonra que acarreaba la lucha a distancia. Un día Jenofonte realizó una prueba de tiro. Resultó que cada uno de estos soldados podía alcanzar entre ceja y ceja a un enemigo a una distancia dos veces superior a la que llegaba cualquier arco. No volvieron a oírse risas entre los espartanos. Los apicultores movían siempre entre la retirada y los flancos, defendiéndolos de los comunes ataques y asegurando siempre que el enemigo se detuviera a una distancia prudencial, y los espartanos por su parte acudían al rescate si alguna escaramuza persa amenazaba con alcanzar a los indefensos tiradores.

Finalmente cuando Jenofonte creía estar por fin cerca de la colonia griega de Trapezunte (actual Turquía) llegaron a la retaguardia profundos alaridos de la cabeza de la expedición, que acababa de subir una colina. Jenofonte mandó formar rápidamente las tropas y acudió al rescate a la cima de la ladera tan rápido como pudo. Con forme subía se hacía mayor el griterío, y arriba encontró a cientos de sus soldados yaciendo en el suelo. Entonces entendió lo que decían entre lagrimas: “¡Thalassa! ¡Thalassa!”, “El mar, El mar”. Meses después los griegos volvían a divisar mar abierto, su ruta directa a casa.

Pero aún quedaba una desagradable sorpresa para estos miles de odiseos, en los alrededores de Trapezunte los soldados encontraron una gran cantidad de paneles de abejas, y rápidamente se dispusieron a disfrutar de la victoria degustando el inesperado manjar. Hoy conocemos la posibilidad de intoxicación con las grayanotoxinas de la miel, pero en aquella época se atribuyó a un castigo divino. Muchos de los que habían sobrevivido al viaje murieron ese día en Trapezunte, celebrando el seguir con vida, apicultores incluidos.

Fue así como Jenofonte acabó por cumplir su promesa y escribió una de las páginas más inverosímiles de la historia. Vivió el restó de su vida acogido en Esparta, dedicado a la escritura de libros de historia y filosofía. Su obra Anábasis, donde narra la Expedición de los 10.000, es muy utilizada entre los estudiantes de griego clásico por su gramática clara y su prosa directa y simple. Es también uno de los libros más aburridos que he leído nunca, pero mas allá del soporífero estilo del autor se esconde una de esas historias emocionantes e increíbles que le hacen pensar a uno que todo es posible, una historia además que Hollywood no ha destrozado todavía. No se si en Los Angeles están enterados de estos asuntos, pero por favor no les comentéis nada, que sea nuestro pequeño secreto.

viernes, 16 de abril de 2010

AVISO PARA NAVEGANTES

Tenga cuidado. El paso del tiempo afecta indiscriminadamente a todos los seres y objetos. Su avance es implacable e impredecible, modela los contornos, erosiona las formas, incluso puede afilar las aristas. Extiende su alcance sobre todas las cosas, y las huellas de su acción pueden alterar despiadadamente cualquier forma y contenido. Este puede ser el motivo de que no reconozca a primera vista personas y cosas que, de hecho, le son familiares. Extreme las precauciones.

lunes, 15 de marzo de 2010

MI TRISTE ESPAÑA (I)

La bochornosa derrota de Francia en la guerra con Prusia en 1870 provocó una conmoción absoluta en el país galo que desembocó en un nuevo cambio del sistema político. Cuando en 1898 España perdió definitivamente la isla de Cuba las repercusiones en el ámbito político fueron prácticamente nulas, ni si quiera aconteció un cambio del partido en el gobierno. Por el contrario, el resto de la sociedad española (desde intelectuales y artistas hasta el pueblo llano y trabajador) clamó al cielo por la derrota implacable de la soberanía hispana en su perdido imperio, se generalizó un pesimismo ancestralmente arraigado focalizándose esta vez sobre las terribles repercusiones internacionales y de prestigio que tendría fallida guerra sobre la colonia. De fondo quedaba el general descontento de la población con el sistema de la restauración alfonsina, un método que se demostraba ineficaz a la hora de resolver los acuciantes problemas del país. Corrieron ríos de tinta criticando el espejismo democrático del pucherazo, el ficticio gobierno del pueblo en el que un rey y dos partidos se habían puesto de acuerdo para instaurar su soberanía y turnarse alternativamente en el poder, anulando más allá de los márgenes de este modo de hacer a toda oposición posible.

Afortunadamente, hoy todo es distinto. La radical diferencia es que hoy somos nosotros los que hemos puesto al rey en su trono, somos nosotros los que hemos formado dos partidos políticos y somos nosotros los que los alternamos cada ocho años en el poder. Esta claro que lo tenemos todo bajo control.